Monday, July 6, 2009

Próxima parada: Madrid

Hace 7 años (más o menos) estaba en la misma situación que ahora, pero con matices bien diferentes. Había terminado el instituto hacía bien poco, y había sido realmente duro. Lo pasé fatal el último año. Yo había estudiado toda mi vida en un colegio de monjas, pero en tercero de la ESO me habían invitado (muy amablemente) a abandonar el centro. Debido a ello me traslade a un instituto que tenía cerca de casa. Como en todos los institutos de la ciudad por aquel entonces los que mandaban eran los llamados “malotes”: motos que hacían mucho ruido, alerones en el pelo, chalecos y una evidente escasez de materia gris eran sus rasgos más característicos. En la clase que me tocó abundaban los malotes, pero por suerte no tardé en hacerme amigo de los chicos que iban un curso por encima de mí. El último año de instituto ellos habían terminado y me quedé sólo. Los malotes me hicieron la vida imposible durante ese año. Por todo ello cuando terminé sólo pensaba con marcharme de San Sebastián. Unos meses antes, en Nochevieja, conocí a una chica de Madrid, y la oportunidad se me presentó claramente. Podría irme a estudiar a Madrid y marcharme con ella dejando atrás todo lo demás. Grave error.
Escapar, escapé, pero menudo año… Fui a vivir a casa de mis abuelos, en San Blas, buen barrio si eres el Lute. Además comencé a estudiar económicas, algo que se me daba bastante bien, pero que no me gustaba nada de nada. Los fines de semana trabajaba en una cafetería del Herón City. El resultado fue el año más desperdiciado de mi vida. Antes de ese año, solía ir todos los veranos a Madrid, desde entonces sólo he vuelto a ir para pasar un fin de semana hará tres años. Esa ciudad sólo me trae malos recuerdos.

La cuestión es que ahora he terminado la universidad, y quiero hacer un máster en la capital del reino. Tengo muchas ganas de hacerlo, pero cada vez que pienso que tengo que hacerlo allí…se me quitan las ganas. No obstante, si me cogen, allí estaré. ¿El hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra? Ya lo veremos, además, mi gato cada vez que se queda dormido en mi mesa termina cayéndose al suelo. Es un consuelo, ya no seré el único en equivocarme reiteradamente.

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